La Revolución Agraria es el inicio de la emancipación de la Nación

La Revolución Agraria es el inicio de la emancipación de la Nación

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Los recientes acontecimientos en Rondônia, el cerco militar ilegal y la preparación para una nueva masacre de campesinos pobres en las tierras donde hace 25 años ocurrió la Heroica Resistencia Armada Campesina de Santa Elina (hoy, Campamento Manoel Ribeiro, en Chupinguaia, en el sur del estado), rebelan un debate urgente: la Revolución Agraria.

 

La cuestión agrario-campesina

Enterrada por la izquierda oportunista electorera y los alabadores del “capitalismo agrícola” (agronegocio, latifundio productivo de monoculturas para exportación y reproductor de la semifeudalidad), la cuestión agrario-campesina es central para la transformación de nuestra sociedad y liberación de la patria.

La gran concentración de tierras (1% de los propietarios posee casi mitad de las tierras agro cultivables) es el principal factor, sumado a la dominación de toda la economía por grupos monopolistas fundidos con la dominación imperialista, que genera toda la desgracia para el campesinado. Concentración que se eleva, mediante la expulsión de los campesinos a través de las leyes agrarias y ambientales, de la miseria, de la acción de bandos de pistoleros y de las propias fuerzas represivas del viejo Estado que actúan directamente vinculados al latifundio, en aquellas áreas de “conflicto agrario”, en tierras públicas o donde hay grandes masas de campesinos.

Al contrario de incorporar esos campesinos en relaciones más avanzadas de trabajo (capitalistas), los latifundios se aprovechan de la situación calamitosa de aquellos para establecer las relaciones de trabajo más brutales, en el interior de Brasil, como se registra en los llamados “trabajos análogos a la esclavitud” (formas semi-esclavistas y semifeudales). Aún el “agronegocio”, exceptuando los frigoríficos y en el plantío y corte manuales de la caña, que emplean fuerza de trabajo extensiva, no absorben tal masa campesina sino que en actividades complementarias a la producción, como rescaldo después de cosecha en los cultivos por las maquinarias, en formas variadas de servidumbre.

Lanzadas a las ciudades, las masas campesinas también allá no encuentran empleo, tanto en las ciudades pequeñas y medias rodeadas por el campo, como en las metrópolis. Aumentan las hileras del desempleo crónico, formando un enorme ejército laboral de reserva, presionando por la abundante oferta para que el salario se haga aún más bajo y, delante de la búsqueda incesante por empleo, acaban aceptando cualquier uno, por necesidad, muchas veces en relaciones también pre-capitalistas. Para empeorar, frecuentemente se hacen víctimas del reclutamiento de sus hijos a las redes de la delincuencia y prostitución urbanas.

Como mucho, los campesinos sin tierra consiguen, a través de financiación estatal, adquirir un pedazo de tierra para producir, sumándose a la masa de millones de familias que componen una economía campesina permanentemente arruinada. Allá, sin capital (con el crédito extremadamente concentrado para los latifundistas), sin auxilio técnico, sin insumos (vendidos a precios monopolistas) y sin condiciones logísticas para entregar la producción – dado el grado de miseria de la economía campesina – se hacen presas fáciles de las densas redes del latifundio y del capital burocrático, que explotan al máximo esa producción. Son obligados a vender lo que producen al precio estipulado por los intermediarios, única forma de tener acceso al mercado de forma relativamente permanente. Se endeudan y, con poca tierra y baja productividad, pierden todo. Pero no antes de producir, por un periodo de tiempo – utilizando toda su familia y demás conocidos sin pagar salario a nadie (a lo sumo, cediendo un pedazo de la tierra para el “compañero”) –, los bienes de consumo de la canasta básica alimentaria, a un precio extremadamente bajo (muy abajo de su coste), impuesto por los intermediarios y monopolios burocrático-latifundistas instalados en el campo. En su lugar, en algún pedazo de tierra cualquiera, será asignada otra familia campesina, igualmente arruinada, para continuar produciendo en esas condiciones, en beneficio de los grandes capitalistas y latifundistas, manteniendo en las ciudades el salario necesario lo más bajo posible.

Empujados del campo a las ciudades, en el régimen capitalista burocrático, semicolonial y semifeudal los campesinos son, en gran cantidad, una gente sin destino.

 

El programa de la Revolución Agraria

Delante de eso, las masas campesinas se ven lanzadas a la lucha por la tierra. En eso, a pesar de toda la seducción del oportunismo electorero de “izquierda”, centro y derecha, sorteando mil dificultades, encuentran la Revolución Agraria, única vía a través de la cual pueden alcanzar condiciones dignas de vida y despertar su conciencia política de que la desgracia en la cual padecen no es fruto del azar, pero un proyecto perfectamente ejecutado por el viejo Estado reaccionario de grandes burgueses y latifundistas, serviles del imperialismo, principalmente yanqui (Estados Unidos, USA).


La Revolución Agraria consiste en:

  1. Extinción del latifundio en las áreas de desarrollo y consolidación del movimiento campesino, con inmediato cambio del carácter de la propiedad de la tierra y de los demás medios de producción. Se entiende que la extinción del latifundio, como institución y clase social, lleva a la extinción de las relaciones semifeudales en el campo, al menos en las áreas ocupadas por el movimiento campesino.
  2. Liberación y desarrollo de las fuerzas productivas en el campo (del hombre, de la técnica, de los instrumentos de producción, de los hábitos de trabajo y de las tradiciones de oficio), a través de la implantación de propiedades individuales de estructura colectiva que comporten pequeños lotes, con consecuente aumento de la productividad y producción agrícolas, estableciendo nuevas relaciones de producción, asentadas en una creciente cooperación, que desarrolle del nivel inferior al superior.
  3. Establecimiento del poder político de las masas trabajadoras en las áreas donde se procesa la liberación de las fuerzas productivas, incorporando los campesinos pobres, asalariados agrícolas y hacenderos que se oponen a la política latifundista, burocrática e imperialista vigente en nuestro país.
  4. La estatización, en las manos del poder político del Nuevo Estado revolucionario, de las grandes empresas capitalistas en el campo.

Es claro que un programa profundamente revolucionario, que erguirá la Nación y la removerá de siglos de opresión y explotación extranjera y de los grandes burgueses y latifundistas lacayos de aquella, inevitablemente se chocará con fuerzas recalcitrantes, reaccionarias y genocidas. Fuerzas que ya realizan su ensayo general, teniendo en su retaguardia el servicio de inteligencia de las Fuerzas Armadas genocidas realizando mapeos, esparciendo su red de agentes secretos, dando apoyo logístico y militar a las fuerzas auxiliares locales e indirectamente al bando de pistoleros del latifundio. Una guerra siniestra, hasta ahora no declarada, contra los campesinos que se movilizan por un pedazo de tierra y que no aceptan más vivir bajo la podrida explotación burocrático-latifundista semifeudal.

No importa lo que intenten esos señores. Las masas campesinas encontraron ya el camino para conquistar sus intereses inmediatos y están despertando para la gran verdad de nuestro tiempo: no hay como el latifundio, la gran burguesía y el imperialismo convivir con las masas populares de todo el país, sin que los primeros esclavicen los segundos. La Revolución Agraria tratará de poner fin a tal situación.

 

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