“Guerra Popular, el camino de la lucha armada en Brasil”*

“Guerra Popular, el camino de la lucha armada en Brasil”*

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25 de marzo marca los 90 años de fundación del Partido Comunista do Brasil. Desde la edición nº 80, AND viene publicando una serie de artículos sobre la historia del PCB, de autoría del Núcleo de estudios del marxismo-leninismo-maoísmo, que en breve será compilada en un libro, con el acrecentamiento de imágenes de la historia del partido. El artículo que aquí presentamos a los lectores de AND no es el último de la serie, restando aún uno para finalizarla a ser publicado en la edición nº 88, de abril.

A finales de los años de 1960, bajo el impacto de los vientos revolucionarios de la gran Revolución Cultural Proletaria en China y de los tormentosos años de 1968 en el país y en el mundo, la línea de izquierda gana fuerza en el interior de la dirección del Partido Comunista do Brasil.

En 1968, Pedro Pomar, principal cuadro revolucionario de la dirección del PCdoB, publica en A Clase Operaria el artículo Grandes éxitos de la Revolución Cultural. Importantísimo documento que trae a la luz para los comunistas brasileños la dimensión histórica de los acontecimientos revolucionarios que atravesaban la China. La defensa de la Revolución Cultural y de la Guerra Popular serán marcos importantes de la lucha por la asimilación del maoísmo en el Partido Comunista do Brasil.

Combate al “foquismo”

Aún en 1968 el PCdoB publica el documento Algunos problemas ideológicos de la revolución en América Latina, en el cual combate las influencias de la teoría del foquismo, irradiada desde Cuba. Este es un importante esfuerzo de lucha contra estas formulaciones. Refuta las tesis militaristas de Regis Debray1 de que el ejército popular es el núcleo del Partido y no lo inverso. El PCdoB sostiene la defensa de la dirección absoluta del proletariado a través de su partido comunista en la revolución democrática como etapa para la revolución socialista.

El documento desenmascara la “teoría de la revolución socialista continental”, como teoría opuesta al marxismo-leninismo, y denuncia que esta concepción restringe la participación de las inmensas masas campesinas en la revolución, al negar su etapa democrático-burguesa en los países dominados y la alianza obrero-campesina. Demuestra cómo, desde el punto de vista ideológico, es manifestación de ideología pequeño-burguesa, que sustituye el papel de las masas y del Partido Comunista que las dirige, por la acción de “individuos heroicos”.

Con la Revolución Cubana estas teorías habían obtenido fuerte influencia en toda América Latina, en buena medida debido al gran peso de la pequeña-burguesía en estos países, y el creciente proceso de radicalización que esta vivía, pero también debido a las insuficiencias ideológicas y políticas de los Partidos Comunistas en el continente.

En este periodo, una circular de la Comisión Ejecutiva del Comité Central orientará todos los comités regionales a iniciar seriamente el trabajo en el campo. Este es un paso importante, pues es la primera iniciativa de todo el partido de empeñarse en el trabajo campesino. Tal iniciativa traerá resultados, con un mayor conocimiento de la situación en las áreas rurales, por un lado y, por otro, irá a revelar las resistencias más arraigadas dentro de la propia dirección del partido en cuanto al desarrollo del trabajo entre las masas campesinas, como frente principal.

Defensa de la Revolución Cultural y de la Guerra Popular

En enero de 1969 la dirección del PCdoB evolucionará en sus formulaciones, cuya principal expresión es la elaboración del documento Guerra Popular, camino de la lucha armada en el Brasil. Este documento, de primordial importancia en la historia del movimiento comunista de nuestro país, al tiempo que representa un avance de la dirección del partido en la asimilación del maoísmo, será también el límite de este desarrollo. Representa un importantísimo esfuerzo teórico, principalmente si consideramos las históricas limitaciones del desarrollo del partido. Este avance es resultante de cierto impulso de la lucha interna, constituyéndose en una relativa asimilación del maoísmo y de su fusión con la revolución brasileña. Da una importante contribución a la crítica de las concepciones militaristas pequeño-burguesas, formulando de forma bastante acertada los postulados fundamentales de la Guerra Popular, como teoría militar del proletariado y de su aplicación a la realidad brasileña.

Antonio de Pádua Costa, o Piauí, agachado, com a tropa atrás

Sin embargo, abriga algunas debilidades no menos importantes, tal como indefinición de que el problema militar y la guerra son cuestiones a ser tratadas por todo el partido y no solamente por especialistas. Otra es la imprecisión en cuanto a la forma de desarrollo de la Guerra Popular. Aunque se defina que el campo es principal y destaque el papel de las grandes ciudades del país, no afirma que la guerra se da en el campo y en la ciudad, el campo como principal y la ciudad como complemento, así como el no establecimiento del camino de cercar las ciudades a partir del campo. Aún afirmando la necesidad de crearse bases de apoyo, deja la importancia de este objetivo vacante y sin cualquier sentido estratégico su papel en relación a la cuestión del poder, este que es problema esencial del maoísmo.

La revolucionarización  del partido y la Guerrilla de Araguaia

De acuerdo con la importancia de esta decisión y de la necesidad de elevar el partido a la condición de un auténtico partido revolucionario del proletariado, el PCdoB emprende una campaña por la “revolucionarización del partido” para la adopción de métodos y estilo de trabajo revolucionarios. (…) combatir la rutina, la comodidad y la pasividad. El momento exige militancia corajosa y abnegada. (…) dedicarse de cuerpo y alma al trabajo revolucionario. El llamamiento del Comité Central para la revolucionarización del partido comienza a dar resultados positivos. Incontables militantes, en especial los jóvenes, se entregan plenamente a la actividad partidaria, conectan su vida y su futuro a la revolución2.

Con estas definiciones del PCdoB el movimiento comunista en el país dará el paso más importante de su historia en la lucha por el camino revolucionario con la preparación de la Guerrilla de Araguaia. Este grande y transcendental acontecimiento en la historia de nuestro país, no sólo por el inolvidable heroísmo de sus militantes, pero por ser la apertura del camino de la Guerra Popular en el Brasil, de donde debemos sacar preciosas lecciones.

Con la misión de preparar las condiciones para el desencadenamiento de la Guerra Popular a mediados de los años de 1960, los primeros militantes son desplazados para la región sur del Pará, conocida como “Pico do Papagaio”, bajo el mando del histórico dirigente comunista Mauricio Grabois. Decenas de militantes revolucionarios oriundos de diversas regiones del país, la mayoría de ellos jóvenes, algunos de los cuales habían participado de cursos en la China Popular. Estos militantes se integran profundamente a las masas de la región, trabajando, viviendo y luchando con ellas; a lo largo de los años van completando el reconocimiento de la región, el entrenamiento y preparación militar para desencadenar la resistencia a través de la guerra de guerrillas.

El día 12 de abril de 1972, alertadas sobre la preparación del movimiento guerrillero en la región, las fuerzas armadas reaccionarias del país intervienen. Así se iniciaron los combates armados de la guerrilla de Araguaia, este es el marco, como señala Grabois en su diario, del inicio de la Guerra Popular.

A partir de la Comisión Militar fueron conformadas las Fuerzas Guerrilleras de Araguaia, distribuidas en tres destacamentos. Las Fuerzas Guerrilleras, por su parte, tomaron la iniciativa de la organización de núcleos de la ULDP (Unión por la Libertad y por los Derechos del Pueblo) entre las masas de campesinos. Antes de la tercera campaña de cerco y aniquilamiento movida por las fuerzas reaccionarias, la guerrilla ya había organizado 13 núcleos de la ULDP, comprendiendo cerca de 90% de la población local. Aunque el trabajo efectivamente político con el pueblo se iniciara solamente a partir del ataque del enemigo, las fuerzas guerrilleras lograron una profunda integración con las masas campesinas de las zonas circundantes de cada destacamento, las cuales apoyaron de todas las formas la guerrilla, inclusive con incorporación de algunas personas en sus hileras.

Las Fuerzas Guerrilleras de Araguaia – FORGA resistieron a la primera campaña de gran envergadura de las fuerzas armadas reaccionarias, obligando al enemigo a retroceder. Sin embargo, su mando no comprendió que el enemigo derrotado buscó estudiar para superar sus dificultades. La segunda campaña de las fuerzas armadas reaccionarias fue una campaña de inteligencia, que preparó elementos para penetrar toda la región, envolverse con la población y levantar todo el movimiento, modo de actuación y localización de las bases de la guerrilla. Fue con la tercera y mayor campaña del enemigo que las fuerzas guerrilleras sufrieron una derrota completa. Esta tercera campaña se inició en octubre de 1973, con un efectivo de cerca de 20 mil hombres, el mayor empleado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Según informaciones dadas por las fuerzas armadas reaccionarias, Mauricio Grabois y la Comisión Militar dirigida por él habrían sido asesinados en 25 de diciembre de 1973.

Dinalva Oliveira Teixeira, a Dina, e Anônio M. Teixeira, o Antônio da Dina

En el combate a la guerrilla de Araguaia las fuerzas armadas emplearon todo tipo de violaciones de los derechos internacionales y de la Convención de Ginebra, como torturas, violaciones y asesinatos de los prisioneros y de la población campesina, desaparición de los cuerpos, uso de armas químicas, además de todo tipo de violaciones de los derechos del pueblo. La localización y destino de los cuerpos de los heroicos guerrilleros y de los campesinos asesinados, así como las informaciones sobre los acontecimientos en la guerrilla, siguen trancados bajo siete llaves por el viejo Estado brasileño, desde 2003 bajo tutela del oportunismo en su gestión.

Imperecederas lecciones

Es preciso reconocer y resaltar, antes de todo, los ingentes esfuerzos, abnegación y heroísmo de los militantes del Partido Comunista del Brasil, su inquebrantable decisión revolucionaria y justa conducta moral en la relación con las masas.

Dada la importancia y complejidad que envuelve la Guerrilla de Araguaia como siendo la experiencia más avanzada de la lucha armada revolucionaria llevada a cabo por el partido comunista en nuestro país, para una exposición debida de su análisis y síntesis sería necesario un ensayo aparte. Sin embargo, por una razón objetiva, en el presente artículo, abordaremos de forma resumida los principales problemas que envolvieron su realización desde el punto de vista ideológico, político y militar y su valoración en la historia del movimiento comunista en nuestro país.

El primero y más importante de ellos habiendo sido apuntado por Pedro Pomar en su balance Sobre el Araguaia, presentado en la reunión del Comité Central realizada en junio de 1976 y reanudación en diciembre del mismo año. Pomar había apuntado que, diferentemente de lo que estaba establecido en el documento Guerra Popular, camino de la lucha armada en el Brasil, lo que va a verificarse es la práctica de otra concepción y no la de la Guerra Popular. De forma sintética, este balance puede ser resumido en los siguientes puntos:

1 La cuestión militar no se da como militarización del partido (de todo el partido), pero sí como una tarea para especialistas, la Comisión Militar y los destacamentos creados.

2 Se cae en el criterio oportunista de considerar que no es posible realizar trabajo político entre las masas, con la alegación de que eso llamaría la atención de la reacción, debiendo este realizarse solamente después de iniciada la lucha armada, restando realizar sólo actividades basadas en la conquista de amistad y simpatía de las masas.

3 Se define la región del Araguaia como área principal, región donde la población era relativamente pequeña, se encontraba bastante dispersa y prácticamente sin cualquier experiencia de organización y de lucha, aún económica.

4 No se construyen organizaciones partidarias en la región a ser conflagrada y en su entorno.

5 La lucha armada no es llevada en el campo y ciudad, solamente en el campo, generando el factor de su aislamiento.

6 Indudablemente la tríplice divisa del Pico do Papagaio era una región de gran importancia para la guerra revolucionaria, pues además de muchos factores favorables desde el punto de vista militar, del terreno, etc., ya recibía gran flujo migratorio de campesinos, en función de los grandes emprendimientos de la gestión militar en la región amazónica. Sin embargo, su importancia se constituía como área secundaria y no principal. La región del Nordeste, como había  afirmado Manoel Lisboa, “donde la contradicción principal es más aguda”, era la región donde se localizaba un campesinado concentrado, numeroso, profundamente arraigado a la tierra y de fuertes lazos culturales, con agudas contradicciones con el latifundio y el Estado y de reciente proceso organizativo en las Ligas Campesinas, dentro de una vasta región donde las luchas populares de varios tipos, tenían larga experiencia histórica.

Pero, el problema de fondo, causa principal del error de concepción que quedará bastante evidente con el proceso del Araguaia y que continuará a determinar sus trágicos desdoblamientos, es el problema de insuficiencia ideológica en la asimilación del maoísmo. La gravedad de este problema era de tal orden, que aún la trágica derrota en el Araguaia no llevó la dirección a su percepción. Al contrario, se buscó frenar los intentos de balances autocríticos valiéndose de los expedientes más oportunistas, como el de utilizarse la justa glorificación del heroísmo de militantes del partido en el Araguaia para encubrir los graves errores cometidos. En estos desenlaces se batirán dos líneas de balance, una crítica y esencialmente correcta, de Pedro Pomar y otra esencialmente técnica y, por lo tanto insuficiente y equivocada, formulada por Ângelo Arroyo y sostenida de forma bastante oportunista por João Amazonas, que a través de su “glorificación” objetivaba sepultar la experiencia modificando la línea revolucionaria del partido.

Veamos que ya durante la fase final de preparación de la Guerrilla en Araguaia, la dirección del PCdoB ya se había alejado en lo fundamental de la base ideológica que permitió avanzar en dirección a la Guerra Popular, o sea, el pensamiento Mao Tsetung, o maoísmo. En 1970, sólo un año después de la formulación del documento sobre la Guerra Popular, es publicado en el Periódico La Clase Obrera el artículo La actualidad de las ideas de Lenin3, por ocasión del centésimo aniversario de nacimiento de Vladimir Lenin. Este artículo, bajo el pretexto de defensa de la vitalidad del Leninismo en combate al revisionismo moderno de Kruschov, tiene como objetivo encubierto combatir y demarcar campo con la definición y comprensión del maoísmo como tercera etapa del marxismo. Esconde precisamente el hecho de que defender el Leninismo ya en aquel momento correspondía precisamente a defender el maoísmo.

En este documento, como será recurrente en otros, al tiempo que refuta de forma encubierta el maoísmo, mantiene la defensa de la Guerra Popular, combinándola con una u otra táctica oportunista. Ya que la presión de las bases del partido y la lucha de líneas que se operaba en su dirección impedían el abandono puro y simple de la Guerra Popular, de forma oportunista se maniobraba en el sentido de reducírla meramente al campo de la táctica.

La Guerra Popular no es una simple táctica militar, pero la teoría militar del proletariado, precisamente su línea militar para conquistar y defender el Poder. Por lo tanto, al emprender el camino de la lucha armada, la línea militar del partido revolucionario del proletariado se hace el centro de su línea política general. Determinada por esta línea política está la línea de construcción orgánica de los tres instrumentos fundamentales de la revolución, a saber: Partido, Ejército Guerrillero Popular y Frente Único Revolucionario, y la forma y contenido que deben asumir. Así, al retirar de la Guerra Popular su base de sustentación ideológica, el maoísmo y su comprensión como unidad, conduce a abandonarla en la práctica.

Es parte de este problema lo que se identificaba sobre la necesidad de la “revolucionarización del Partido”, cuestión que no será llevada más a fondo, pero que ya colocaba un problema de suma importancia, que es el de la necesidad de la militarización del partido comunista para dirigir la Guerra Popular en cada país. Esto está de acuerdo con el principio de que la organización sirve a la política y no al contrario, cuestión que sólo sería sistematizada posteriormente por Abimael Guzmán, el presidente Gonzalo, en la dirección del Partido Comunista del Perú – PCP y de la Guerra Popular (1980).

En esto residió un problema clave en la comprensión del maoísmo, el de que la Guerra Popular demanda militarización de todo el partido, o sea, de que todo su trabajo se desarrolla en la – y para la – Guerra Popular; de que todo partido comunista tiene que estar dentro del ejército popular, o sea, que esta no es una tarea de especialistas, como terminó por ocurrir en Araguaia.

Masacre de la Lapa

La izquierda en la dirección del PCdoB, que ya estaba profundamente debilitada en la defensa del maoísmo con la pérdida de Mauricio Grabois y decenas de cuadros en Araguaia y en las ciudades4 (además del inmenso perjuicio orgánico e ideológico de la salida de los cuadros de la Ala Roja y del PCR los años anteriores), recibirá un golpe definitivo durante la reunión del Comité Central de diciembre de 1976. Esto, precisamente en el momento en que la lucha por el justo balance sobre el Araguaia estaba imponiéndose. Balance este de peso decisivo para el desenlace de la lucha interna en la dirección para sacar lecciones de los errores y persistir en la línea revolucionaria que, con la masacre por las fuerzas de la represión, fue sepultado en el partido.

Esta reunión que se realizaba en una casa en el barrio de la Lapa, en São Paulo, fue interrumpida por el ataque brutal de la represión que, después de cercarla, asesinó Pedro Pomar, Ângelo Arroyo y João Batista Franco Drumond, este último bajo tortura, prendiendo otros cuadros y militantes. Un innominable crimen perpetrado por el fascismo en nuestro país, con la colaboración de traidores, terminó por eliminar los mejores cuadros revolucionarios del movimiento comunista de Brasil, destacadamente Pedro Pomar, interrumpiendo la lucha interna con que se gestaba, aún, el destino de la revolución brasileña.

Después del Masacre de la Lapa la lucha por un correcto balance de la experiencia del Araguaia fue sepultada por mil maniobras oportunistas de João Amazonas y su camarilla. Al no permitir que la lucha de dos líneas se desenvolviese de forma plena en el proceso de Reconstrucción, aunque haya logrado importantes avances, el partido no pudo superar sus enfermedades al coste de la pesada derrota, como se sucedió en Araguaia y la siguiente capitulación por parte del CC5 encabezado por Amazonas.

El amazonismo y la liquidación del PCdoB

Fue delante de la ofensiva de la reacción en Araguaia y de la dramática derrota de la guerrilla, que el oportunismo, nunca bien resuelto en la dirección del partido, se manifestó de forma contundente a través de las posiciones de Amazonas, principalmente.
Aunque el maoísmo nunca haya sido asimilado de hecho en la dirección del partido, para poder justificar el abandono de la línea revolucionaria de la Guerra Popular, Amazonas atacó abierta y rabiosamente el maoísmo, contraponiéndolo por la adoración a Enver  Hoxha6, a quien promovió como el mayor de los marxistas-leninistas y Albania a “farol del socialismo en Europa y en el mundo”.

João Amazonas, ya entonces y de forma abierta, con el objetivo de alterar la línea ideológico-política del PCdoB, realiza una serie de maniobras golpistas en la dirección, que en nada difieren de aquellas hechas por el bando revisionista de Prestes cuando de la realización del V congreso en 1960 (ver AND 84). Impide la realización del congreso que las direcciones regionales supervivientes proponen y convocan, promoviendo en el exterior (Albania/1979) lo que denomina de VII Conferencia Nacional, con delegados escogidos por su camarilla y no electos, de forma a asegurar mayoría para sus posiciones.

Esto quedará claro con sus resoluciones, cuyo centro es el ataque al Presidente Mao Tsetung y al maoísmo, exactamente para servir de base y justificar la capitulación de la Guerra Popular. La “orientación táctica” se reduce a proposiciones genéricas del viejo oportunismo de “Asamblea Constituyente convocada por un gobierno democrático”, “poner en práctica todas las formas de lucha y organización posibles en la situación presente”, etc..Sobre Araguaia dice: “La VII Conferencia Nacional reitera (…) que la lucha armada es una cuestión fundamental y decisiva para la política partidaria…”; “aprobar como punto de partida para la sistematización de aquella experiencia el documento ‘Gloriosa Jornada de Lucha’” y “recomendar al CC proseguir en el examen de esa experiencia y, teniendo en cuenta las modificaciones constatadas en el desarrollo del país (…) la elaboración de un nuevo documento más abarcador y actualizado sobre la Guerra Popular- camino de la lucha armada en el Brasil”.

Veamos que, tanto el informe de Ângelo Arroyo, en el cual se basó el “Gloriosa jornada de lucha”, cuanto el de crítica de Pedro Pomar, aunque con conclusiones divergentes, son enfáticos en afirmar la necesidad de retomarse lo más breve posible la lucha armada y la Guerra Popular, destacando inclusive la necesidad de mejor preparación militar. La “VII Conferencia”, por el contrario, sepulta la línea revolucionaria de la Guerra Popular con una tergiversación sobre lucha armada y balance de Araguaia. Estas cuestiones sólo volverán a ser abordadas cuatro años después y de forma burocrática, en el “VI Congreso” (1983). Exactamente para seguir atacando Mao Tsetung en nombre de la “defensa de la pureza del marxismo-leninismo” y contra las influencias del “revisionismo chino”, tergiversando sobre lucha armada, en el intuito claro de engañar la militancia más combativa.

Ya con el documento “Estudio crítico acerca del principio de la violencia revolucionaria” (1983) las resoluciones de este “VI Congreso” atacaron la teoría militar del proletariado, la Guerra Popular, dando explicaciones y justificaciones sobre el documento Guerra Popular, camino de la lucha armada en el Brasil, en la búsqueda de hacer una demarcación con el maoísmo e intentar reescribir la historia negando la orientación maoísta del mismo.

Estos acontecimientos son reveladores de las vicisitudes atravesadas por el PCdoB desde 1962, de cómo desde su reconstrucción seguía abrigando en su dirección verdaderas fuentes del oportunismo, como expresaba ya la VI Conferencia de 1966, en el eclecticismo del “Unión de los brasileños para librar el país de la crisis, de la dictadura y de la amenaza neocolonialista”. Esta enfermedad nunca fue debidamente sanada. Al contrario, evolucionó gradualmente, resistiendo a los movimientos de avances revolucionarios, hasta convertirse, favorecido por la derrota en Araguaia, en el aspecto principal de la contradicción entre marxismo y revisionismo en la ideología y dirección del partido.

Veamos que, mientras la dirección revisionista de Prestes provocó la crisis de la cual surgió el proceso de ruptura de 1962, permitiendo la constitución del partido como partido comunista marxista-leninista, la dirección revisionista de Amazonas condujo a la liquidación completa del partido. Aunque la capitulación del CC en el periodo pos-derrota de la Guerrilla de Araguaia haya sido decurrente directamente de la correlación de fuerzas en la dirección, con la eliminación de varios cuadros revolucionarios por el enemigo, la causa de fondo y determinante, como hemos afirmado, se encuentra en la influencia ideológica pequeño-burguesa prevaleciente en la dirección del partido y no debidamente superada con la Reconstrucción de 1962.

Es ilustrativo de ese proceso el tratamiento dado por la dirección de João Amazonas a José Duarte por este haber entrado en franca contradicción con la línea oportunista de Amazonas. Duarte, el más experto y probado cuadro obrero del PCdoB, fue el principal responsable por la reconstrucción del trabajo partidario en São Paulo pos1976, realizando entonces una ardorosa defensa de la experiencia de la lucha en el Araguaia y de la necesidad de la lucha armada, así como de la importancia de retomarse el trabajo partidario de prensa entre la clase obrera. Luego que sus posiciones pasaron a chocarse con la línea oportunista de Amazonas, este histórico dirigente comunista pasó a ser saboteado en su actividad, e inmediatamente calumniado como carrerista, personalista, antipartido y todo arsenal rastrero del revisionismo para descalificar el oponente en la lucha interna y enterrar la lucha de líneas, siendo por fin alejado del partido.

Por eso reiteramos que de las más importantes causas de este retroceso, se destaca la total incomprensión, por parte de la dirección del partido, de la cuestión de la lucha de dos líneas como método de la lucha ideológico-política en el seno del partido, para establecer sólidamente la ideología y línea proletarias, luchar contra otras líneas no proletarias a fin de mantenerla y desarrollarla, forjando incesantemente el partido. Tales limitaciones en la lucha ideológico-política fueron la causa fundamental que impidió la asimilación más profunda y cabal del marxismo-leninismo y de los aportes fundamentales de Mao Tsetung, el maoísmo, mayor corrección en el análisis de la realidad brasileña, de sus clases, de sus contradicciones fundamentales y la principal, de la correcta evaluación de la práctica del partido y sus errores históricos como el del método de dirección y de conducción de la lucha en su seno. Particularmente en cuanto a la concepción de la Guerra Popular, que se había adoptado como línea estratégica maestra para la revolución brasileña y que había revelado importantes incomprensiones cuando de la tentativa de su aplicación en Araguaia.

Una vez libre de la influencia del maoísmo y de la línea revolucionaria de la Guerra Popular y a partir del camino propuesto por Amazonas, el PCdoB rompe con cualquier vínculo con el partido comunista fundado en 1922 y sus mejores tradiciones, rápidamente concretiza su camino al reformismo y electoralismo y se conforma como más un partido revisionista al servicio de la gran burguesía compradora-burocrática y del latifundio. En los días de hoy, llega aún al ridículo de disputar con los viejos partidos burgueses el puesto de más ardoroso paladino de la orden del viejo Estado reaccionario, de grandes burgueses y latifundistas, servicial del imperialismo, principalmente yanqui.

Largos años de dispersión

Los años que se siguieron a la capitulación de la dirección del PCdoB, cuyo marco es la Masacre de Lapa de 1976, reinó en el mundo la libre confabulación del revisionismo moderno con el imperialismo, reforzada por la derrota de la gran Revolución Cultural Proletaria en la China y consecuente  restauración capitalista (1976). En Brasil, se procesa el retroceso organizado de las clases dominantes para librarse de la gestión militar, ya agotado en su papel principal de derrotar el movimiento revolucionario, reestructurar el Estado e integrar el país económica, política, militar y culturalmente al dominio semicolonial del imperialismo yanqui.

Esta situación de los años de 1970 y 1980, cuando el movimiento obrero y popular careció por completo de una orientación revolucionaria proletaria, favoreció para que los descontentos y acciones crecientes del proletariado y de las masas populares fuesen canalizados por el radicalismo pequeño-burgués liberal que vino a conformarse en el PT, una vertiente de izquierda oportunista y anticomunista. Una verdadera mescla de todo tipo de capitulacionismo  resultante de las derrotas de la resistencia armada guevarista, aglomerando desde las Comunidades Eclesiásticas de Base de la Iglesia Católica, sindicalistas anticomunistas formados por los institutos yanquis de sindicalismo “libre”, trotskistas y exguerrilleros arrepentidos, todos apadrinados por el castrismo. Esto representó el retorno del electoralismo y una vez más el alejamiento de las masas del camino revolucionario.

Diferentemente de significar el fin del movimiento comunista, este proceso concluye una fase de la lucha por conformar un auténtico partido comunista en Brasil, y que corresponde, en los días de hoy, a conformarse como un partido marxista-leninista-maoísta. Por el contrario, la comprensión de esa fase, la más rica y elevada, producida hasta entonces, representa una verdadera fuente germinadora para hacer avanzar ideológica y políticamente el movimiento popular revolucionario en la actualidad.

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Notas:

* Título del documento del Partido Comunista del Brasil sobre la forma que lucha armada debería darse en el Brasil.

1 – Filósofo francés, principal formulador de la teoría del foquismo.

2 – “Cincuenta años de lucha”. PCdoB. Ed. Maria da Fonte. 1972.

3 – Este artículo fue publicado en 1970 sin firma de cualquier cuadro dirigente. Posteriormente João Amazonas se atribuyó la autoría junto a Mauricio Grabois, que entonces ya se encontraba muerto. El mismo expediente fue verificado con otros documentos, como “50 años de luchas”, donde se encuentran algunas interpretaciones revisionistas sobre la historia del partido, en que Amazonas sumó el nombre de Mauricio Grabois.

4 – Entre los años de 1972 y 1973 los dirigentes del Comité Central: Lincoln Oest, Luís Guilhardini, Lincoln Bicalho Roque y Carlos Nicolau Danielli (este, entonces secretario de Organización del Comité Central) son detenidos y muertos bajo tortura, representando un duro golpe en la estructura del PCdoB en las ciudades.

5 – João Amazonas y Renato Rabelo, que estaban en Albania durante la “Masacre de la Lapa” juntamente con Dynéas Aguiar y Diógenes Arruda, forman una dirección en el exterior (Arruda había fallecido víctima de un infarto, por consecuencia de las  torturas de cuando fue detenido, momentos después de desembarcar de vuelta a Brasil en diciembre de 1979).

6 – Enver Hoxha – dirigente del Partido del Trabajo de Albania, que en los años de 1970, cuando el maoísmo era el blanco de las más furiosas campañas de la reacción mundial, pasó a atacarlo, clasificándolo, sin cualquier fundamentación científica, por revisionismo chino.

Traducciones: [email protected]

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