Sin revolución no hay independencia

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Sin revolución no hay independencia

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En su fase imperialista, empodrecida y parasitaria, el capitalismo divide el mundo entre un puñado de naciones ricas y opresoras por un lado y la inmensa mayoría de naciones pobres y oprimidas por otro. Tomado el mundo en su conjunto esta es la contradicción principal de la época imperialista.

Para mantener la dominación sobre las naciones explotadas, el imperialismo sostiene en el interior de estas, clases dominantes de grandes burgueses y latifundistas cebados a costa de muchos privilegios. Estas por su parte ejercen, a través de un aparato de Estado burocrático genocida, el control y la represión más sistemática sobre las clases dominadas, cuyo sistema de gobierno oscila entre gerenciamientos militares y demo-liberales.

Esta contradicción, a nivel de cada país, sólo puede ser resuelta a través de un proceso revolucionario que recorre, inevitablemente, etapas, en el acierto de cuentas de las masas explotadas y oprimidas con sus clases dominantes locales y de ruptura con el imperialismo (revolución democrática agraria antiimperialista). Condiciones estas esenciales e imprescindibles para que la revolución pase ininterrumpidamente al socialismo.

En Brasil, por lo tanto, así como en los demás países dominados por el imperialismo, la independencia nacional es algo a ser conquistado, a pesar de que, formalmente, estos países hayan declarado su independencia del yugo colonial a que se encontraban sometidos. En la práctica, sin embargo, permanecieron dependientes política, económica y culturalmente de los países imperialistas, subyugados a un nuevo colonialismo.

Una apariencia de independiente y una esencia de dominado, es esa la situación que caracteriza su condición de país semicolonial.

Ya en 1972, por ocasión del transcurso de los 150 años de la proclamación de la independencia de Brasil en relación a Portugal, el periódico A Classe Operária, nº 68, publicó artículo del gran dirigente comunista brasileño Pedro Pomar, en el cual expresa su profundo conocimiento sobre el desarrollo histórico de nuestro pueblo y una inquebrantable fe en la revolución. Su texto nos anima y encoraja cuando afirma que "El pueblo brasileño, ante el creciente empobrecimiento y de la falta de derechos, se encuentra en una situación penosa. En su corazón, sin embargo, arde más fuerte que nunca la llama de la libertad. Su conciencia nacional se elevó. No soportará, pues, indefinidamente, la tutela extranjera ni aceptará que permanezcan intocados los privilegios de la minoría explotadora y opresora."

Él que es uno de los mártires de la lucha del proletariado brasileño y de su partido, escribió en el mismo documento: "Las páginas más gloriosas de la historia brasileña fueron escritas con la sangre de esos héroes y mártires. Las fuerzas obscurantistas y retrógradas hicieron de todo y hacen para frustrar los anhelos del pueblo e impedir el desarrollo independiente de la nación. Levantaron horcas, descuartizaron, fusilaron, masacraron los verdaderos patriotas.

Esparcieron pelourinhos*, cárceles, calabozos y mazmorras por el país entero para castigar los combatientes populares. En defensa de sus mezquinos intereses de clase, se aliaron a los peores enemigos de la Patria. Fueron incapaces de salvaguardar la soberanía nacional y de llevar Brasil a su justo destino. La expresión más acabada de su política antinacional, de su odio a la libertad, es la actual dictadura militar que oprime y humilla la nación."

Pese a haber terminado el gerenciamiento militar fascista a que se refiere Pedro Pomar, la estructura de dominación imperialista y los odiosos privilegios de las clases lacayas en el país siguieron inexorables. Más que esto, tal condición de subyugación fue profundizarse año tras año.

El monopolio de la soberbia

Fue en el banquete de sanguijuelas, compuesto por pelegos(1), burócratas y explotadores de los trabajadores, denominado de Consejo de Desarrollo Económico y Social, que Luiz Inácio condenó la actitud de empresarios que se recusaron a invertir delante de la incertidumbre provocada por la crisis que aún persiste en Brasil y en el mundo; condenó la parte de la prensa que advertía para la gravedad de la crisis; y condenó los trabajadores que no quisieron ceder a los chantajes de la patronal en achicar más aún sus salarios. A estas actitudes de resistencia él llamó de "empáfia" (soberbia). Todo esto con la mayor ‘empáfia’, o sea, reclamó para sí el privilegio de, de aquí en adelante, ser el único a adoptar este tipo de comportamiento.

Fue también con gran soberbia que, en la víspera del 7 de septiembre, se atrevió a hablar de independencia, de una nueva independencia, concluyendo que no se tenía más que enaltecer sólo el pasado, pero también el futuro que se abría. Pues, un país que se hace independiente y necesita de una nueva independencia es porque, en realidad, no se hizo nada independiente.

Aunque el pre-sal sea uno de los mayores descubrimientos y que se confirme su potencial y que la Petrobras sea la operadora de toda el área, creándose una nueva estatal, la Petrosal, para administrar los contratos de reparto y comercialización, nada de eso indica que los resultados serán revertidos en favor de la mayoría de los brasileños.

¿De quién es el Estado?

De nada vale para los trabajadores una estatal controlada por un Estado podrecido y decrépito sumiso al imperialismo y administrado por el oportunismo en connivencia con la gran burguesía y el latifundio. No pasa, pues, de demagogia patriotera las afirmaciones de que el petróleo y el gas pertenecen al pueblo brasileño.

Los consorcios montados por las grandes petroleras, las prestadoras de servicio, como la yanqui Halliburton, las contratistas y los bancos llevarán la parte del león mientras los parlamentarios, burócratas y pelegos disputarán como hienas en gran lucha pelas sobras que les corresponden. Al pueblo restará el discurso de siempre, de esperar el futuro. En el presente las prioridades ya están definidas con el superávit primario destinado a pagar las impagables deudas interna y externa en la mano de los bancos, con la compra de armamentos, submarinos, helicópteros y cazas de USA y de Francia, con la renuncia fiscal en favor de las transnacionales y las ayudas al agronegocio, entre otros.

Cualquier saldo en el cajero de la semicolonia, el imperialismo rápidamente presenta una lista de chucherías para vaciarlo. En el pasado, fue así con el superávit de la balanza comercial con USA tras la II gran Guerra Mundial. Más recientemente, con la venta de las estatales, la historia vino a repetirse.

No hay independencia sin revolución

Toda la podredumbre que supura en nuestra sociedad basada en la vieja cultura de los privilegios va mostrando graves señales de agotamiento. Señal de esto es el aumento de la opresión y de la criminalización sobre las masas explotadas, por los que siguen insistiendo en vivir como antes. Por otro lado, estas masas ya dan señales visibles de que no se sujetarán a continuar oprimidas y explotadas como antes. No hay como negar que, en los intestinos de nuestra sociedad, se desarrolla una situación revolucionaria.

Aún enfrentando toda clase de frenos a su acción, como las direcciones oportunistas, pelegos, partidos reformistas electoreros, ONG pacifistas, las masas del campo y de la ciudad se rebelan y sacuden las podrecidas estructuras de este carcomido Estado brasileño, clamando por una dirección revolucionaria que las conduzca rumbo a un Estado popular de Nueva Democracia y al Socialismo.

Se aproxima la hora en que todos serán llamados a tomar una definición por cuál lado asumir: del lado de los explotados y oprimidos rebelados o del lado de sus explotadores y opresores. La radicalización de la lucha no dejará margen a neutralidades.

*Pelourinho: columna en lugar público junto a la cual se exponían y castigaban esclavos rebeldes y criminales.

1)Pelego: En Brasil nombre dado a aquel "líder" sindical o político que tiene la función de amortiguar, distraer y traicionar la lucha de sus representados. Trabaja disimuladamente contra los intereses de los trabajadores.

Traducciones: [email protected]

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