Solidaridad internacional a Carlos Latuff

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Solidaridad internacional a Carlos Latuff

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La poderosa máquina de propaganda del sionismo cuenta con diversos tentáculos. Uno de ellos se denomina Centro Simón Wiesenthal y usa como disfraz de cordero la falsa misión de “defender los derechos humanos y promover la tolerancia y la comprensión mutua entre las personas”. Sería muy noble. Pero en realidad el Centro Wiesenthal ejerce dos funciones: la primera es el apoyo a la política colonialista-expansionista de Israel, la segunda es la continua y permanente invención de enemigos y amenazas al pueblo judío.

Esto es usado para justificar las agresiones israelíes y, no menos importante, garantizar argumentos para recolectar fondos para el Centro Wiesenthal. Con ese propósito, el Centro todos los años divulga una lista de los peores antisemitas del planeta, aquellos que más perjudicaron el pueblo judío en el periodo. Días atrás fue divulgada la de 2011 y en ella consta en tercer lugar de peligrosidad Carlos Latuff.    

Acusar Latuff de antisemita  sería una ignorancia, una estupidez, una difamación gratuita, si no fuese un método bastante exitoso de confundir la opinión pública.  Cualquier persona con un mínimo de cultura y honestidad sabe y reconoce que ser antisemita es muy diferente de criticar el sionismo. Latuff es una persona profundamente sensible al sufrimiento de los oprimidos y solidario con las luchas populares en cualquier lugar del planeta. Cuando, en 1999, visitó la Palestina, no podría haber reaccionado diferente. Indignado con el tratamiento degradante impuesto al pueblo palestino, su actitud coherente no podría ser otra que pasar a denunciar el opresor Estado de Israel.

Las caricaturas de Latuff  quedaron famosas en todos los territorios por donde se desarrolló la primavera árabe. Sus trabajos atacan el imperialismo, principalmente de USA. Él apoya desde la lucha de los mapuche en Chile, a la de los zapatistas en México. En Brasil, denuncia frecuentemente la truculencia policial y la desfachatez de los poderosos, la lucha de los trabajadores, de los estudiantes y de los campesinos. Aquellos que siguen las páginas de AND deben recordar el viaje de él a Rondônia para conocer de cerca el día a día de las familias lideradas por la Liga de los Campesinos Pobres (LCP). No por casualidad, la materia que escribió fue intitulada Los Palestinos de la Amazônia. Ciertamente el apoyo al pueblo palestino conforma una buena parte de la obra de Latuff .  

Tal vez la mayor virtud del trabajo de Latuf  sea revelarnos lo obvio, nos lleva a tomar conciencia de cosas que están en nuestra frente y a veces no las percibimos correctamente. No es preciso tiempo para entender su mensaje. Y eso acaba siendo una herramienta poderosa. Los medios masivos de comunicación luchan para colocarnos en la cabeza pensamientos listos, clichés, modas, conceptos predigeridos, valores, quienes es mundo libre, quien es terrorista o traficante… Y de repente unas pocas imágenes del artista desmontan la farsa.

Y los “dueños de la información” no tienen argumentos ni coraje para decir que sus dibujos mienten, o en este caso, que es falso afirmar que Israel condena al pueblo palestino a vivir bajo su yugo por medio del terror. Entonces arman esa farsa de antisemita, para difamar el artista, desacreditarlo, promover su censura y, si tuvieren pleno éxito, excluirlo de la media y del mercado de trabajo.  

Pero esta vez el tiro les salió por la culata. La ridícula acusación generó una ola de solidaridad en favor de Latuff . Un manifiesto lanzado por el artista intitulado “antisionismo no es antisemitismo”, condenando la manipulación, pasó a recibir firmas de apoyo del mundo entero, que hasta el cierre de esta edición, superaban el millar. Inclusive el monopolio de la prensa se vio obligado a comentar el caso en un tono mucho más favorable de como habitualmente trata, o ignora, el tema palestino. El panfleto de la máquina sionista, contrariamente a lo que pretendía, acabó difundiendo aún más la obra de Latuff  y las causas por él defendidas.

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