Táctica de razia y de detenciones masivas no van a acabar con futuras protestas

Táctica de razia y de detenciones masivas no van a acabar con futuras protestas

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“Verdaderos combates agitaban las calles de São Paulo. La caballería se lanzaba sobre las manifestaciones obreras que se realizaban en toda la capital paulista, principalmente en las proximidades del Largo da Concórdia, en el Brás, Mooca y Tatuapé. Eran recibidos por lluvias de piedras, bombas caseras, insultos…

José Duarte, de diez años, estaba entre los chicos que ayudaron en la famosa huelga de 1917, en São Paulo. No tenía mucha conciencia de lo que estaba ocurriendo. Pero distribuyó comida, lanzó corchos con clavos en las calles, ayudó a amarrar hilos de un poste al otro, acompañó los comicios de cerca, admiró aquel líder fuerte, muy activo – Edgard Leuenroth – que hacía discursos vibrantes y daba orientaciones, chifló contra los soldados montados, insultó la policía y aplaudió la lucha de los obreros.” (Del libro José Duarte, Un maquinista de la historia, de Luiz Momesso, pág.13).

Sin tirar ni poner, estas escenas del inicio del siglo pasado, vivenciadas por quien vendría a ser el ejemplar militante comunista, se hicieron la marca de los enfrentamientos entre las masas oprimidas y el Estado opresor al servicio de las clases dominantes y del imperialismo. Ellas volvieron a repetirse siempre en los momentos en que el grado de opresión y explotación de las masas alcanzó niveles insoportables y las clases dominantes no conseguían seguir dominando como antes, restándole como recurso el aumento de la represión.

La historia de las luchas del pueblo brasileño trae en su línea del tiempo un sin número de situaciones de explosiones de masas. Fue así, por ejemplo, en 1968 y está siendo así desde junio pasado. Y, en todos los casos, la respuesta del podrido Estado ha sido la misma: aumento de la represión y de la criminalización, principalmente sobre los pobres del campo y de la ciudad.

La orden es endurecer

Tras la paliza aplicada al coronel de la PM paulista durante la manifestación del día 25 de octubre, el ministro de la justicia José Eduardo Cardoso se reunió con José Mariano Beltrame (RJ) y Fernando Grella (SP) y anunció la creación de un grupo de inteligencia integrado por la Policía Federal y por las secretarías de Seguridad Pública de São Paulo y Río de Janeiro, para intentar contener lo que ellos llaman de manifestaciones violentas en las capitales de los dos estados, lógicamente, por parte de la juventud.

En realidad, toda la preocupación de la gerencia del oportunismo está en controlar el ya anunciado levante popular del año de la copa y para tanto usará todas las armas a su alcance, desde la cooptación de direcciones de movimientos y organizaciones sociales hasta la adopción de una legislación anti terror que garantice la “paz” durante la realización del mega-evento, a través de prisiones preventivas masivas.

Después del encuentro las declaraciones de los mismos fueron todas en la dirección de aumentar la represión y la criminalización, sino veamos:

Según el ministro José Eduardo Cardozo, quedaron definidas en la reunión cuatro frentes de actuación: a) un grupo de inteligencia para evitar y punir abusos en protestas; b) creación de un protocolo unificado de actuación de las policías; c) creación de grupos operacionales en los estados entre Ministerio Público y comisarías para discutir las manifestaciones; d) creación de un grupo compuesto por juristas para la discusión de cambios en la legislación.

Tras estas claras demostraciones de intensificación de la represión y de la criminalización, inclusive con la modificación de la base legal, él aún tuvo el desplante de hacer un discurso que invertía su intención, afirmando que “No se trata de recrudecer contra manifestante, de cohibir movimiento social, medidas que serían ilegales si fuesen tomadas. Llevamos mucho tiempo para conseguir eso. Estamos hablando de situaciones ilícitas, abusos, violencia contra personas. Y de actuar contra personas que practican ilícitos penales”. Pero como todo en este mundo tiene el sello de su carácter de clase, la interpretación de lo que es ilícito, abusos y violencia, será dada por la FIFA, por los banqueros, finalmente, por el imperialismo y por las clases dominantes lacayas. En cuanto a las aberraciones practicadas por la PM, Cardoso no dijo una palabra.

El secretario de Seguridad Pública de São Paulo, Fernando Grella, también defendió un cambio en la legislación para aumentar las penas de los autores de supuestos actos de violencia y de daño contra el patrimonio. Él dijo que, en São Paulo, una investigación en marcha está “bien avanzada” con el objetivo de identificar “el mayor número de personas que son actuantes, principalmente los líderes”.

Beltrame también defendió “adecuar la ley para que podamos enfrentar un movimiento totalmente nuevo” como si los casos de rebelión de las masas fuesen algo nuevo. Según él “El policía necesita tener una garantía de que cuando él presenta alguien en una comisaría (…), aquello efectivamente termine en una acción penal”. O sea, él defiende el encuadramiento de la Policía Civil por la PM. Es la exacerbación de la militarización.

 Lo que Beltrame llama de “nuevo” es lo que Gilberto Carvalho, secretario de Dilma Rousseff, que está perplejo desde junio, llama de ausencia de liderazgos. “Es un grupo que no se presenta para el diálogo, no se identifica. A nosotros nos causa un gran espanto, no estamos acostumbrados”, afirmó al mismo tiempo en que también apuntaba para cambios en la base legal: “Es preciso legislación que técnicamente, jurídicamente, políticamente, atienda a este momento. Ha habido duda. El momento es nuevo. […] Y mientras no se discute un término legislativo, es preciso tener parámetro para órganos de seguridad pública y de la Justicia”.

Mientras no surge una legislación más draconiana que encuadre los manifestantes cómo terroristas, la jefe de policía de Río de Janeiro, Martha Rocha, va bajando determinación a los comisarios para endurecer contra los manifestantes.

El derecho de resistir

Frente al crecimiento decidido de las masas de luchar en defensa de sus derechos pisoteados, de luchar por nuevas conquistas y por la libre manifestación, el tan pregonado “Estado Democrático de Derecho”, perla de la vieja democracia burguesa, se desenmascara revelando su esencia de dictadura para los explotados o teniendo que ser violado en sus preceptos por sus propios guardianes, los órganos y agentes de seguridad del Estado. En entrevista concedida al equipo de A Nova Democracia, el fundador y presidente del Instituto Carioca de Criminología, Nilo Batista, habla de la supuesta interferencia de la jefe de policía Martha Rocha en la autonomía técnica y libertad de decisión de los comisarios: “Cuando el gobierno presiona el sistema penal es uno de los síntomas de enfermedad en el Estado Democrático de Derecho (…) ¿Que poder es este de presionar un delegado para apretar? Es el mismo poder que presionaría para aliviar. La ilegalidad es la misma”.
Las contradicciones internas en la orden legal fueron también diagnosticadas como falencia del modelo de seguridad por el teniente-coronel Adilson Paes de Souza. Él pasó 28 años en la Policía Militar del Estado de São Paulo y hace un año presentó disertación de máster en derechos humanos en la Universidad de São Paulo, a partir de entrevistas con policías integrantes de grupos de exterminio. Para estos entrevistados “El homicidio del marginal es visto como una importante arma de trabajo”. Según Paes, “Ellos llegaron a declarar que si fuesen impedidos de matar, quedarían sin condiciones de trabajo. Es la lógica de la doctrina de la Seguridad Nacional, según la cual estamos lidiando con enemigos. Y el enemigo en el campo de batalla usted tiene que aniquilar”.

El oficial reformado hizo estas declaraciones en entrevista a la Folha de São Paulo, de 04/11/13, en la cual atribuye las manifestaciones desde junio al hecho de “La sociedad, en gran medida, está diciendo: ese modelo que está ahí no es eficiente. Y está diciendo eso de una manera violenta. Ella no tiene más a quién recurrir. No estoy diciendo con eso que la violencia sea un modo legítimo de responder a la violencia [policía], pero sí que esta tal vez sea la única manera de ella sentirse oída y notada”.

“Si la prisión para averiguación es ilegal yo tengo derecho de resistir a esa prisión”, afirma el Dr. Nilo Batista, también abogado, profesor de derecho penal y criminología y ex vicegobernador de RJ, que remata: “¡El derecho de resistencia es un derecho democrático, sí! El derecho de resistencia en la teoría general de las democracias occidentales, por lo menos, es cuestionable. ¡Si la policía está cometiendo una ilegalidad contra mí yo tengo el derecho de resistir, sí! Yo tengo ese derecho”.

Pero la cuestión aún es cómo la colocó el editorial de la edición pasada de AND, apuntando el carácter inocuo de las medidas articuladas por el oportunismo al frente del viejo Estado: “Y mientras todos esos canallas tiemblan, incapaces de detener la juventud rebelada con incremento de la represión, se suma a la escalada de criminalización demente a los manifestantes la táctica de la razia y prisión masiva para intentar conjurar las esperadas protestas de la copa del mundo, dejando el máximo de activistas con la espada suspendida sobre sus cabezas. Pero, esas masas van tomando cuerpo y forma, coagulando más y más comprensión y consignas políticas, forjándose en los combates con la represión y preparándose para las grandes batallas futuras por la derrumbada completa del viejo y construcción del nuevo”.

Traducciones: [email protected]

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