Unidad de Policía ‘Pacificadora’ llega al Complejo de São Carlos: más denuncias de abusos en el rastro de la militarización

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Unidad de Policía ‘Pacificadora’ llega al Complejo de São Carlos: más denuncias de abusos en el rastro de la militarización

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El 6 de febrero, un domingo, día de descanso de miles de trabajadores del complejo de favelas de São Carlos, en la zona Norte de la capital fluminense, fue interrumpido por una mega-operación policial apoyada por las fuerzas armadas. Pero esa no fue la única semejanza entre la ocupación del Complejo del Alemão, en noviembre último, y esa nueva etapa de la militarización. En el Complejo de São Carlos — compuesto por los Morros del Fallet, Fogueteiro, São Carlos, Mineira, Coroa, Zinco, Querosene, Praceres y Escondidinho — a ejemplo del Alemão, nuestro equipo de reportaje oyó relatos de habitantes que fueron saqueados, agredidos y amenazados por policías civiles y militares.

Mientras la policía federal investiga las incontables denuncias del despojamiento llevado a cabo por las tropas de represión del viejo Estado en el Complejo del Alemão, como denunció AND, policías de varias comisarías y batallones, con el apoyo de blindados de la marina, invadieron las nueve favelas del Complejo de São Carlos, en la zona Norte de Río, al lado del Centro de la ciudad, para la instalación de la 15ª Unidad de Policía Pacificadora.

En el Complejo del Alemão, las denuncias de saqueos cometidos por policías civiles y militares fueron confirmadas en una escucha telefónica de la policía federal durante la operación Guilhotina que prendió, solamente en el primer día, 28 policías, entre ellos, el subsecretario municipal de orden pública — delegado Carlos Antônio Luiz Oliveira. En la escucha telefónica, el inspector de la policía civil Stanlei Couto Fernandes decía a un compañero que abandonaría su turno en la comisaría para ‘intentar  suerte en la mina de la Serra Pelada'(NdelT referencia a la corrida al oro en los años 80 en la gigantesca mina de la Sierra Pelada), refiriéndose a la operación en el Complejo del Alemão.

Mientras la policía federal prendía decenas de policías, centenares de otros ocupaban el Complejo de São Carlos con el mismo objetivo para robar habitantes y comerciantes y apropiarse de armas, joyas y valores incautados de traficantes y de los habitantes. Las semejanzas entre la ocupación del Alemão y del São Carlos eran visibles en el principal acceso al Morro de la Minera, donde una Kombi y dos coches fueron aplastados por los tanques de la marina, a ejemplo de lo que aconteció en la favela Vila Crucero. Los restos de los vehículos aún estaban allá, abandonados.

Cuando habitantes descubrieron que el equipo de reportaje de AND estaba allá para darles voz — al contrario de lo que hace el monopolio de los medios de comunicación — las denuncias comenzaron a surgir. En el Morro del Fallet, en el barrio de Santa Tereza, un comerciante que no quiso que se le identifique dijo que tuvo su bar invadido por policías dos veces. En la segunda vez, de acuerdo con él, una gran cantidad de su mercancía, así como 600 reales, fue robada por los policías.

— Llegaron aquí a las 6h de la mañana y, por casualidad, yo estaba durmiendo dentro del bar. Me levanté asustado, con el ruido de las patadas en la puerta. Eran unos seis policías. Cuando yo les dije que parasen de patear porque ya iba a abrir, ellos dijeron que no necesitaba, porque ellos derrumbarían la puerta con todo placer. Ahí, entraron ya revolviendo todo, colocando el arma en mi cara y diciendo que yo iba a tener que entregar el escondite de drogas de los bandidos. ¿Cómo es que voy a saber de droga? Mi bar era de un traficante 30 años atrás. Ahora no tiene más nada a ver. Dos días después, ellos entraron de nuevo en el bar. Esta vez, entraron por una ventana y yo no estaba. Robaron 600 reales del cajero, dos cajas de guaraná natural, uno de gaseosa y cinco cajas de botellas de cerveza. Los caraduras me robaron así. Abrieron la puerta del bar por dentro y comenzaron a colocar todo en el patrullero. En frente de todos los vecinos de aquí, en plena luz del día. ¿Y ahora? Estoy con el bar cerrado porque no tengo dinero para reponer lo que ellos robaron. Sólo en Brasil que esto acontece — protesta el comerciante, muy indignado.

En el Morro del Zinco, otro habitante que tampoco quiso que se lo identifique pintaba lindos cuadros en su atelier en el Morro cuando pasamos por el local. Rápidamente, el artista se aproximó y, muy nervioso, relató la destrucción de varias de sus obras de arte por policías de la CORE (Coordinadora de Recursos Especiales de la policía civil) y de la DCOD (Comisaría de Combate a Drogas) en la primera operación policial en el Complejo de São Carlos antes de la ocupación permanente. En la ocasión, traficantes habrían disparado contra el edificio de la municipalidad y en un helicóptero de la Red Globo, lo que habría motivado la instalación de la 15ª UPP en el local.

— Ellos entraron aquí en mi local de trabajo y destruyeron ocho cuadros que yo había acabado de pintar. El día anterior, ellos reventaron la casa del tipo que era jefe del tráfico aquí en el Morro y tenía un cuadro mío allá con el escudo del Flamengo pintado. Ellos ya llegaron acusándome de ser amigo de bandido. Yo soy un artista, trabajo para quien me page, vendo mi arte para poder sostener mi familia. Cuando yo les dije eso, un policía civil comenzó a gritar conmigo, diciendo que si ellos me sorprendiesen andando solo en el Morro, iban me acabar conmigo, que sólo no me daban una zurra porque mi esposa y mi hijo estaban en casa — relató el artista.

— Con esa situación de UPP en el Morro, el comercio disminuyó mucho. Ahora hay toque de queda. En el último fin de semana, sexta, sábado y domingo, yo tuve que tirar todos los cuadros de mi kombi porque el personal del BOPE mandó. Yo vendo mis cuadros en Copacabana en el fin de semana y ellos ya dijeron que el procedimiento será ese en los próximos 40 días. O sea, todo día que yo salga para vender, voy a llegar en casa de madrugada, cansado y aún así voy a tener que pasar por esas revistas. Por eso que los habitantes están circulando menos por el Morro. Ellos tienen miedo. Ahí, el comerciante también se hunde por causa de la falta de movimiento — analiza el trabajador.

“No podemos permitir que la UPP diga cómo va a ser nuestra vida”

En el Morro dos Placeres, nuestro equipo de reportaje entrevistó a la presidenta de la asociación de vecinos, Elisa Rosa Brandão, de 49 años. La líder comunitaria quedó conocida el año pasado entre las organizaciones que luchan por los derechos del pueblo por haber sido la precursora del movimiento contra las remociones de barrios pobres, apuntados por la municipalidad como ‘áreas de riesgo’, entre ellos el Morro dos Placeres. En la época, el ingeniero Maurício Campos, de la Red Contra la Violencia, hizo un estudio detallado de esas regiones que contradijo los elementos de los laudos de la municipalidad. Para dar respuesta a las amenazas de remoción infundadas, Elisa inició un fuerte movimiento envolviendo decenas de favelas que, en su ápice, reunió más de mil personas en una asamblea en la Cuadra del Morro dos Placeres.

Según ella, habitantes están aprensivos con la instalación de la Unidad de Policía Pacificadora, ya que el inicio de la militarización está siendo marcado por el régimen de excepción, por abusos de todo tipo y por la pérdida de la autonomía de las representaciones comunitarias, entre ellas, la asociación de vecinos.

— Cuando comenzó el movimiento de la policía aquí en el Morro, los habitantes quedaron muy aprensivos. Nosotros publicamos un aviso en nuestra radio comunitaria para los habitantes, para que si saliesen, que dejasen la llave de casa con el vecino, o en la asociación. Porque nosotros sabemos como ellos entran cuando la persona no está en casa: metiendo el pie en la puerta. La aprehensión de las personas es porque la policía ya practicó varias perversidades aquí. Ya mató mucha gente que no hizo nada, ya golpeó en las personas, ya aterrorizó mucho. Esta vez no fue tan malo, pero la gente se queda con miedo, porque ya hubo relatos de habitantes que tuvieron sus pertenencias hurtadas durante revistas, como un habitante que tuvo su aparato de sonido robado. Otros reclamaron que tuvieron cosas quebradas por los policías, como lámparas, botellas, televisores, armarios, gavetas. Nosotros sabemos que no deberíamos contentarnos con eso, porque es un absurdo de la misma manera, pero por lo menos, esta vez, nadie fue golpeado y ni murió — dice la líder comunitaria.

— Aún así, nosotros ya entramos en contacto con el IDDH [Instituto de los Defensores de los Derechos Humanos] y con la Red Contra la Violencia para denunciar eso y ya dejarlos en alerta, para el caso de algún abuso más grave. El problema es que los habitantes no conocen esos policías. Ellos están con miedo de andar por el Morro. Yo misma, que soy la presidenta de la asociación, cuando desciendo el Morro, sola, y encuentro un grupo de policías, mi corazón late más fuerte, viene aquella adrenalina. Eso es porque todos nosotros ya vimos de cerca las maldades que esa policía hace. Todo el mundo tiene miedo de ser víctima de ellos — cuenta doña Elisa.

— Luego que llegaron [los policías], yo ya me desentendí con ellos porque colocaron los patrulleros dentro de nuestro espacio polideportivo. Yo fui allá y pedí para retirarlos, por favor, porque aquello no es estacionamiento. Ellos pasaron unos 40 minutos discutiendo conmigo, diciendo que hacía mucho calor para los vehículos permanecer en el sol. Yo les dije que fuesen a hablar con el gobernador, porque él tenía dinero para colocar aire acondicionado en los patrulleros, pero nosotros habitantes no tenemos dinero para practicar deportes en otro lugar — afirma la presidente de la asociación.

Doña Elisa también enfatizó que el tráfico minorista creció en el Morro dos Placeres, así como en todas las favelas de Río de Janeiro, por causa del abandono del Estado, lo que según ella, no cambiará con la militarización.

— La gran verdad es que el tráfico aquí en la favela siempre fue formado por los hijos de las familias más pobres. Ellos siempre recogieron esos niños carentes para ser traficantes. Mientras el Estado no daba nada para esos niños, el tráfico daba para ellos una falsa esperanza de ganarse la vida. ¿Dónde estaba el poder público en esas horas? Yo veía el traficante dando remedio, material de construcción para los habitantes y el Estado dando bala, invaden con blindados… Y yo pensaba cómo es simple acabar con el tráfico, como el tráfico no tiene nada a ver con policía, pero sí con la pobreza. Ahora, los traficantes huyeron, pero ¿y las escuelas, los hospitales, la jubilación de los ancianos, los salarios? ¿Van a pasar por reformas también? Sólo UPP no cambia nada. Si cambiar la vida de los habitantes, será para peor — alerta doña Elisa.

— Con la llegada de la policía,  nosotros ya estamos perdiendo nuestros derechos. La TELE a cabo ya fue cortada. Ellos creen que uno tiene ‘gato’ [conexión clandestina] de luz y TELE a cabo porque quiere. Pero la realidad es que nosotros no tenemos condiciones de pagar por el servicio regularizado. Eso va encarecer el coste de vida en la favela y yo creo que esa es una forma más sutil de quitarnos de aquí, como ellos quisieron hacer tras las lluvias del año pasado — reflexiona la líder comunitaria refiriéndose a la tentativa fracasada de remoción del Morro dos Placeres llevada a cabo por la municipalidad después de las lluvias de abril del año pasado.

— Nuestro mayor miedo aquí en la asociación es el monopolio de las decisiones que ha acontecido en las otras favelas por parte del mando de las UPP. La asociación de habitantes aquí siempre fue una región administrativa. Es de aquí que salen todas las soluciones para los problemas de la comunidad. Las regiones administrativas son dirigidas por personas indicadas por los políticos, a veces, parientes de esos políticos. Aquí en la asociación, quien me eligió fue el pueblo y aquí nosotros resolvemos los problemas del pueblo. No fui indicada por nadie. Y el Estado nunca nos dio nada, ni una secretaria para ayudarnos aquí. El cartero sólo viene hasta la puerta de la asociación traer las cartas. De aquí para la comunidad, es el cartero de la asociación que hace el servicio y nosotros que pagamos su salario. Siempre nos arreglamos solos – cuenta.

— No podemos permitir que la UPP diga cómo va a ser nuestra vida y que la asociación no participe de nada. Yo estoy aquí hace años, trabajo, a veces, 12 horas por día. Nosotros nos preocupamos con el Morro dos Placeres. Y el comandante de la UPP que vendrá para acá, ¿se preocupa con la comunidad, como nosotros, habitantes? Claro que no. Él tiene la casa de él en otro lugar. No vamos a dejar la UPP acabar con la organización de los habitantes — asegura doña Elisa.

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