Vera Malaguti: ‘Son las prisiones que producen las facciones’

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Vera Malaguti: ‘Son las prisiones que producen las facciones’

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El equipo de AND tuvo la oportunidad de entrevistar, en esta primera quincena de enero, la socióloga y criminóloga Drª Vera Malaguti Batista, acerca de la grave situación de los presidios en el país, que culminó en las rebeliones, principalmente en la región norte.

Vera Malaguti es maestra en Historia Social por la Universidad Federal Fluminense (UFF), Doctora en Salud Colectiva por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), Profesora de Criminología de la Universidad Cândido Mendes (UCM), y Secretaria general del Instituto Carioca de Criminología (ICC).

AND) Desde el inicio de enero los principales informativos del país dieron gran repercusión a la grave situación en los presidios del norte del país, principalmente. La situación, como decimos, es muy grave, pero no es nada nueva. ¿Qué ocurrió para que  se manifestase la actual crisis?

V.M.) Yo creo que, como la pregunta está diciendo, esta situación en el país se manifestó, pues ella está siendo construida desde los años 90 con la entrada del neoliberalismo. La cuestión criminal es una cuestión fundamental en la economía del neoliberalismo. Es una estrategia de control de los pobres y de los resistentes que a la vez produce una economía muy funcional para el capital neoliberal, para el capitalismo contemporáneo.

Nosotros del Instituto Carioca de Criminología, junto con varios compañeros – inclusive vosotros (de AND) – y una nueva generación que comprendió eso, hemos denunciado como esa manera de resolver la conflictividad social por la prisión, por la pena, por la ilusión de que ingresar, esconder el problema – principalmente, por la política criminal de drogas que los EE.UU. impuso al resto del mundo y para América Latina en el auge de la dictadura, cada vez más viva hasta los días de hoy.

En esos últimos 20 años fue implementada una política insana de prisionización, de prisión de tantas personas y de una forma tan irracional, tan estúpida, fomentada por la construcción de un censo común muy imbécil – pero que hoy es una especie de mantra que hace con que las personas crean que eso es bueno – que “cuánto mayor la pena, cuánto mayor sea el tiempo de encarcelamiento, mejor”.

Y vemos ese fenómeno expresado en números pues, desde los años 90 – cuando esa situación alcanzó una inflexión mayor – hasta los días de hoy, la población carcelaria más que cuadruplicó. Estamos con la cuarta mayor tasa de encarcelamiento del mundo (300 presos cada 100.000 habitantes). Sólo que esa es una economía, una ‘sociabilidad’ perversa que no puede quedar sólo dentro de los muros, ella se despliega para fuera de los presidios.

El sociólogo francés Loïc Wacquant llama ese fenómeno de ‘viento punitivo que sopló de América para el resto del mundo’, estableciendo el paradigma del control del crimen. Y el Nils Christie, un viejo profesor noruego que murió en 2015, califica de ‘industria de control del crimen’.

En Brasil, incorporamos ese fenómeno del aprisionamiento principalmente a través de dos argumentos: del narcotráfico y del crimen organizado. Sobre este último, el gran jurista Raúl Zaffaroni tiene un artículo que escribió hace 20 años, que se llama ‘Crimen organizado: una categorización frustrada’. En este artículo vemos como nunca son considerados como crimen organizado el sistema financiero, o la industria farmacéutica, la industria farmoquímica. Crimen organizado es siempre el crimen de los otros. Así, en USA, por ejemplo, era la mafia italiana, o la mafia china. Es, en verdad, una manera de nombrar una conflictividad social interna bajo ese argot.

Y la otra expresión es narcotráfico, sobre el cual la importante criminóloga venezolana Rosa Del Olmo discurre. Por ejemplo, en América Latina, no tenemos narcóticos. América Latina produce básicamente ipadu (coca) y marihuana. Entonces, Rosa Del Olmo, en un artículo escrito en los años 90, llamado Geopolítica de las Drogas, demuestra cómo  USA en las salidas de los ciclos de las dictaduras en América Latina produjo y esparció un censo común – usando los grandes medios comunicacionales, Hollywood, y que también fueron vendidos para los think tanks1, que reproducen ese ‘censo común’ – que interpreta las rebeliones en un discurso tautológico2, quiere decir, un discurso que se repite y que afirma: “nosotros estamos prendiendo mucho porque tenemos narcotráfico y crimen organizado”. Pero, cuando miramos los hechos, nos preguntamos: ¿es eso que es el crimen organizado? ¿Aquellos pobres del presidio de Alcaçuz en Río Grande do Norte?

Entonces, según ese discurso creado, la explicación presentada es: “nosotros aumentamos las prisiones por causa del narcotráfico y del crimen organizado”. Pero, siguiendo esta lógica aplicada en el combate al “narcotráfico y crimen organizado”, lo que constatamos es que mientras más se prende, más se mata y más ellos aumentan. Y, mientras más aumentan el “narcotráfico y crimen organizado”, más es sugerido el mismo veneno. Luego, sabíamos que un día la situación iba a explotar, y explota el día a día.

La situación en Amazonas, del primer presidio en que explotó esta reciente rebelión de Manaus era una prisión privatizada y gestionada por una ‘organización social’ llamada Umanizzare y que tenía en verdad condiciones degradantes, una cantidad enorme de presos amontonados.

Esa es una barbarie que es del propio del capitalismo, propio de esa fase del capitalismo, y que se retroalimenta de los conceptos que, también la “gran prensa” no deja salir de eso.

Es lógico que esos últimos acontecimientos trágicos acabaron obligando a la “grande media” a dejar aparecer la insensatez de ese desenfrenado ritmo de encarcelamiento. Pero, cuando vamos a las calles, vemos el censo común que es construido maliciosamente, todos los días, por noticieros, – sean más sofisticados y, por eso, más perversos como los de la Globo, hasta los más vulgares, como los sensacionalistas y los ‘Datenas’ – que venden la idea de que “hay que prender, hay que matar” etc.

Entonces, llegamos a esta situación insana y que este “gobierno” que está ahí no tiene ni legitimidad, ni conocimiento, ni formación política, criminológica, jurídico-penal para tratar de la situación. Es un desierto de soluciones temporales o aún a largo y medio plazo para esta cuestión en Brasil.

AND) Al tratarse de las causas de las rebeliones se da un peso enorme a las facciones, que llaman “crimen organizado” en las prisiones. ¿Concretamente, como usted evalúa el origen de esa crisis?

V.M.) En América latina cómo un todo tenemos un índice de más o menos 40% de presos provisionales, lo que es un escándalo en cualquier parte del mundo. Eso es alimentado por un ‘linchamiento’ que fue construido, como yo dijo, maliciosamente por los “grandes medios de comunicación” y por las “grandes empresas del capital”. Ya que la cuestión criminal alimenta economías en el capitalismo mundial, fue siendo vendida y diseminada la idea de que: “prender es bueno y soluciona”.

En Brasil, todas las facciones son producto de las prisiones. Son las prisiones que producen las facciones. Todos los liderazgos de las facciones que hoy son las más “temibles” entraron en la facción por pequeños delitos y fueron transformados en “grandes y terribles”, como la prensa los trata, por el sistema penitenciario. Entonces nosotros estamos andando en círculos.

Y la política criminal de drogas tuvo un papel central en eso todo. La ley de 2006 sobre la política criminal de las drogas, hecha durante el “gobierno” Lula, contribuyó para esa situación.

En esta época, tube un acalorado debate con dos ex-petistas, Gabeira y Carlos Minc – que fueron artífices de esta ley –, antes de la promulgación, donde afirmé que la ley contenía un elemento perverso.

En mi argumentación, yo consideraba – y ya decía eso en mi disertación de máster, que fue sobre los efectos de la política criminal de drogas de la dictadura hasta los años 80 en la juventud pobre – una perspectiva del neoliberalismo, del desempleo, del reclutamiento por las redes del prohibicionismo y de la forma como los sistemas penales trabajaban los estereotipos del: ‘adolescente problemático’, si él era blanco de clase media; y el ‘temible traficante’, que es el pobre que vende aquella droga para el niño de clase media. Fue eso que provocó un aprisionamiento, un híper encarcelamiento en Brasil y en el mundo.

En los EE.UU. el movimiento negro americano compara la política criminal de drogas al sistema Jim Crow3 de segregación y hasta a la esclavitud, en la manera como ella incide selectivamente sobre los afroamericanos, considerando afro americanos en el continente como un todo.

También en la ocasión de ese debate, que se dio en la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro (Alerj), yo escribí un texto llamado “El tribunal de las drogas y el tigre de papel” – yo me refería al tigre de papel del Mao Tsetung – donde yo decía que criminalizar más la parte pobre, que es la parte del tráfico, no es la solución. Y fue lo que aconteció. Así, esa ley de 2006 apostó en la prisión provisional, como, de hecho, ocurre con toda la campaña de ‘ley y orden’ por dondequiera que ella vaya ella.

Zaffaroni, gran jurista latinoamericano, escribió un libro que se llama ‘El enemigo en el derecho penal’, donde él hace una relación de la cuestión prisional con el nazismo, del concepto de enemigo del pueblo, de toda aquella retórica jurídica de Carl Schmitt. Y nosotros estamos en esa situación, en un fascismo ascendente, lleno de contradicciones.

Cuando analizamos los procesos de adolescentes detenidos por drogas – que fue lo que yo hice en mi disertación de máster – la situación de un niño blanco de clase media es resuelto en el interior del sistema como un niño problemático, que va a necesitar de una ayuda psicológica, va a hacer tratamiento particular. Y el niño negro favelado o campesino pernambucano en las regiones productoras con, a veces, la misma cantidad de drogas, va a ser sentenciado a penas más duras que van a reforzar una criminalización histórica.

Cuando estudiamos la historia de los criminalizados y analizamos el sistema penal, existe un gran clásico escrito en 1938 por el Georg Rusche, un marxista alemán de la escuela de Frankfurt, en que él muestra como el sistema penal es producido por el capitalismo. La prisión moderna surge junto con la fábrica, de la misma forma que las casas de corrección surgieron junto con la manufactura.

Rusche comprueba, haciendo un análisis crítico en el sentido marxista del sistema penal y de la prisión, que este mismo sistema penal, en momentos de abundancia de mano de obra tiende a aplicar penas más duras, y, por otro lado, en momentos en que se necesita de más mano de obra, los discursos más liberales ganan espacio, lo que sería el discurso liberal-burgués de la revolución francesa. Aunque, las fuerzas populares presentes en la revolución francesa hayan intentado radicalizar, – convengamos que la revolución francesa comienza con la caída de la Bastilha – en la medida en que la burguesía va haciéndose hegemónica, ella vuelve a aplicar el terror como un sistema de contención de las resistencias populares.

Tenemos que desconstruir la categoría de crimen organizado u organización criminal, como está en moda ahora en la moda jurídica, y también de narcotráfico.

AND) En su opinión, ¿que podríamos hacer para enfrentar la situación actual en el país? ¿Cuál es su perspectiva en medio a esta situación?

V.M.) Primeramente debemos vencer el bloqueo comunicacional, hacer con que otros argumentos sobresalgan y fortalezcan, en oposición a los estúpidos que nos llevaron al lugar que estamos. Entonces, romper ese censo común que llamamos de ‘populismo criminológico’, romper la barrera de la superficialidad, es fundamental. Y la otra cosa es hacer una política radical de desencarcelamiento de los presos provisionales y un cambio radical en la política criminal de drogas. Con esos elementos conseguiríamos avanzar considerablemente.

Hoy, en Brasil, ya hay mucha reflexión sobre esa cuestión penitenciaria. Ahora, existen varios sectores políticos y académicos también trabajando no sólo la desconstrucción de ese discurso censo común, pero también alternativas a ese modelo antes de las grandes transformaciones. Eso porque también tenemos cuestiones urgentes.

Por ejemplo, Orlando Zaccone, que es un delegado de policía, un profesor, un intelectual y un activista político, hizo un estudio que se llama ‘Accionistas del nada’, que fue una disertación de máster. En este estudio él demuestra que la mayoría de los presos por porte de drogas es detenido desarmado y por posesión de poca cantidad de droga, o sea, son personas que en una teoría criminológica banal no tendrían que quedar presas.

Entonces tenemos esos tres puntos: 1) cambio de la política criminal de drogas – y no va a ser ese “gobierno” espurio que lo hará, basta que miremos la mentalidad policialesca del ministro de la justicia que nos condujo a esta situación; 2) demoler el paredón de discursos imbéciles que nos condujeron a esta situación; 3) tenemos varios estudios en que podemos conseguir de una forma cuidadosa y gradual el desencarcelamiento de cerca de 40% de los presos.

Existe también una vieja estrategia que se llama Numerus clausus. Numerus clausus significa lo siguiente: si tenemos una CTI con 20 lechos, no es permitida la entrada del 21ª, porque no existe lecho para acomodarlo.

En la prisión, eso no acontece y todos entran generando el hacinamiento. Si tuviéramos una política de Numerus clausus y una política de desencarcelamiento, quitando quién no debe estar preso. Considerando solamente esos dos aspectos y desconsiderando cualquier avanzo mayor, como una política criminal de drogas diferente – que no veo como realizable a corto plazo – ya podríamos caminar para algún cambio del cuadro actual.

AND) El titular de la última edición de AND (nº 183) afirmó que las rebeliones son contra ese Estado – a despecho de lo que el monopolio de prensa intenta pasar, que es una guerra de facciones. ¿Qué piensa usted sobre eso?

V.M.) Ciertamente. Cuando hacemos un análisis de esa visión ‘oficial’ que la “gran prensa” está haciendo sobre las prisiones, notemos como no hay repercusión de una reivindicación siquiera de los presos. Y ellos tienen muchas reivindicaciones. Sólo vemos que existen esas reivindicaciones cuando nos aproximamos de hecho y no quedamos en algún gabinete refrigerado, en cocteles jurídicos con profesores alemanes o italianos, que es el caso de la magistratura brasileña, del ministerio público brasileño. Por eso que el policía tiende a ser más consciente, él está en la punta de la cadena, ve la realidad y no cree en mentiras, él no tiene cómo escapar de eso. El ministerio público y la judicatura, por otro lado, ya son redomas de vidrio, viviendo con salarios altísimos. Yo creo que un día el Brasil va a tener que encarar eso, y no podrá ser legislando teóricamente, leyendo teóricos alemanes y extranjeros, pero sí trabajando la realidad brasileña, amazónica, de los pampas, de Minas, de São Paulo, donde tenemos problemas diferentes.

Creo que tenemos que hacer una lectura política de las rebeliones e intentar llegar más hondo en los más alcanzados de esa situación. Porque no se oyen los parientes de los presos, sólo se oyen las gansadas de los secretarios, de las “autoridades” del control duro, y siempre con el discurso tautológico de que: “eso acontece porque es crimen organizado y narcotráfico, entonces aumenta la pena, aumenta la prisión”, no escuchan, no negocian. Y, por bajo de la mesa, todos negocian con las facciones todo el tiempo. Porque, si no hubiera negociación, ¿cómo que un número reducido de agentes penitenciarios mantendrán un número muy superior de presos en esta condición? Así, la mezcla de todas esas cosas resulta en la rebeldía de quien está allá dentro. Las reivindicaciones y la legitimidad de las reivindicaciones de los presos no sabemos ni cuál es a través de la “gran prensa”.

Creo que la izquierda tiene que entrar en esta pauta, hacer esa lectura de desconstrucción de esos conceptos que vinieron por los grandes think tanks en las salidas de las dictaduras.

Hoy en día tenemos mucho más presos de lo que teníamos en el tiempo de la dictadura, las condiciones de las prisiones son mucho peores, tenemos mucha más inversión en “seguridad” de que en educación y salud. Y esa situación sólo empeora con el discurso de que “necesitamos construir más prisiones”.

Pero la historia nos sorprende, como de repente estamos teniendo una gran explosión política venida de las prisiones entonces, soy siempre optimista y la historia no para, ella acontece.

AND) Nos gustaría agradecer a la Drª Vera por la entrevista.

V.M.) El placer fue mío.

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1 think tanks (en español, tanques de pensamiento). Expresión inglesa que designa organizaciones que actúan produciendo y difundiendo conocimiento (ideología) sobre asuntos estratégicos, objetivando influenciar transformaciones sociales, políticas, económicas o científicas  sobre todo en asuntos sobre los cuales personas comunes (laicos) no encuentran fácilmente base para análisis de forma objetiva.

2 Discurso o argumento que se explica por él propio de manera redundante y falaz.

3 Las leyes de Jim Crow fueron leyes que institucionalizaron la segregación racial, promulgadas en los estados del sur de USA en el periodo de 1876 a 1965.

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